miércoles, 24 de agosto de 2011

punta cabalo

Me gusta especialmente algo –además su indiscutible belleza natural– de esta isla. El hecho de que la mayoría de sus habitantes no vivan del turismo. Apenas hay hoteles. Los que se encuentran en el pueblo no superan las dos estrellas... Poseen ese aire decadente característico del desuso.

La mayoría de sus habitantes no viven del turismo, decía. Viven del marisqueo y de la cría del mejillón. Para cultivar mejillones, instalan unas plataformas de madera sobre el mar: las bateas.

Cuando cae la tarde, desde mi lugar favorito de la isla, la puesta de sol ilumina las bateas y se forma un paisaje extrañamente marciano. Y en ese momento..., en ese momento me siento como en casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario