lunes, 12 de octubre de 2009

Agonía

Andaré por las calles hasta caer exhausta;
y sabré vivir sola y retener en mis ojos
cualquier rostro que pase y ser siempre la misma.
Este frescor que asciende a buscarme las venas
en un despertar que jamás había sentido tan verdadero
por la mañana: sólo que hoy me noto más fuerte
que mi cuerpo, y que un temblor más frío acompaña
la mañana.

Lejos están las mañanas de mis veinte años.
Y mañana, veintiuno: mañana saldré a la calle,
me acuerdo de todas sus piedras y de las franjas del cielo.
Desde mañana la gente me verá nuevamente
caminando erguida y podré irme parando
y verme reflejada en los escaparates. En las mañanas de
antaño,
yo era joven y no lo sabía, ni tan sólo sabía
que era yo quien pasaba –una mujer dueña
de sí misma. La delgada chiquilla que fui
ha despertado de un llanto perdurado por los años:
ahora es como si aquel llanto jamás hubiese existido.

Y tan sólo deseo colores. Los colores no lloran,
son como un despertar: mañana volverán
los colores. Las mujeres saldrán a la calle,
cada cuerpo un color –e incluso, los niños.
Este cuerpo vestido de rojo claro,
tras tanta palidez, recobrará la vida.
Sentiré en torno a mí deslizarse miradas
y sabré ser yo misma: con una simple ojeada,
me veré entre la gente. Cada nueva mañana,
saldré a la calle en busca de colores.

Cesare Pavese

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