Otra vez la calma de la noche. Aunque mi ánimo mejora cuando madrugo, cuando llevo un ritmo sano y aconsejable, sigo disfrutando de la tranquilidad de las noches en mi estudio.
Cuando mi cabeza se vuelve mi enemiga, es difícil prever la intensidad y la duración de la batalla.
Hoy, tras tres días y tres largas noches, por fin, ha concluido. Y se puede decir que he ganado.
Calma. Suena Mark Hollis. Y arde mi rodilla.
miércoles, 7 de julio de 2010
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